Este
pacto llega, precisamente, tras unos años difíciles en que el cambio
climático ha impactado de lleno en las cosechas y la competencia con la
almendra importada de Estados Unidos ha
hecho mella en el rendimiento. Según los datos del Ministerio de
Agricultura, Pesca y Alimentación, la producción de este fruto seco con
cáscara cayó en 2022 un 32,5% respecto a 2021, y cerca de un 50%
respecto a 2020.
“California
concentra el 80% de la producción mundial; España ocupa el segundo
puesto junto a Australia. Aun así, somos deficitarios en producción y
necesitamos importar. Esto ocurre porque somos la puerta de entrada a
Europa de la almendra americana: esta llega en grano con piel y nosotros
la procesamos para exportarla”, explica Asier Ugaldea, socio fundador
de Isfa, una compañía que desarrolla proyectos agrarios.
El
consumo de almendras no ha dejado de crecer en
los últimos años: si en 2014-2015 se consumieron 975.171 toneladas a
nivel mundial, en 2021-2022 la cifra rozó el millón y medio. Al tiempo
que, paradójicamente, seguimos aumentando las importaciones: de 89.510
toneladas en 2015 a 125.541 toneladas en 2021.
Fuentes del sector ya han manifestado en numerosas ocasiones su
preocupación por este escenario, alegando que existe un “claro problema”
en la balanza comercial si España, que es el primer país productor de
Europa, sigue figurando entre los que más almendra americana importa.
Esta
situación fue, precisamente, la que impulsó a Asier Ugaldea y a sus dos
socios a cambiar de rumbo y emprender un nuevo proyecto a finales de
2018. Hasta ese momento, su actividad se había centrado en desarrollar
proyectos de energía renovable; y querían trasladar sus conocimientos al
sector agro: “España tiene un largo camino hasta llegar a satisfacer
toda esa demanda con producción propia durante los próximos años, y eso
es lo que queremos conseguir”, afirma el CEO.
Su actividad se centra en el alquiler de fincas de
regadío en la Península Ibérica para la plantación de este fruto seco.
“Buscamos invertir en las plantaciones, no en el suelo.
Tenemos fincas en propiedad, pero el grueso son arrendamientos a plazos
medios de 30 años, lo cual nos permite disponer tanto de la tierra como
del agua”, explica.
Utilizan un modelo de plantación SES (eficiente y
sostenible) que tiene una particularidad respecto al tradicional:
“Optimizamos los insumos necesarios por kilogramo de producto respecto a
técnicas tradicionales, reduciendo la huella de CO2,
también en comparación con la almendra de importación, y valorizando los
residuos con el fin de impulsar la economía circular”.
Y
es que, según relata, Estados Unidos se enfrenta a un problema con la
sostenibilidad de sus plantaciones: “Demandan muchos recursos,
particularmente agua, y a día de hoy tienen dificultades para mantener
los niveles de producción que han tenido en los últimos años. La demanda
global sigue creciendo, y es en el sur de Europa, y
particularmente España, donde contamos con un clima favorable,
estructuras de riego y seguridad jurídica para abastecer esa demanda en
detrimento de California”.
Un 35% de ahorro de agua por hectárea
Según los datos de la propia compañía, este sistema supone un 35% de ahorro de agua por hectárea
respecto los cultivos sustitutivos de cereal en regadío (maíz o arroz);
un 20% de ahorro de agua por kilogramo de pepita de almendra producido
respecto al cultivo intensivo; y un ahorro del 60% de productos
fitosanitarios.
Pero, ¿cómo lo consiguen? “Los
marcos de plantación son
de alta densidad tipo seto. Es decir, que no son árboles
tridimensionales, sino que son en dos dimensiones, lo cual nos permite
realizar una explotación mecanizada del cultivo y ser mucho más
eficientes en el uso tanto del recurso hídrico como de los fertilizantes
fitosanitarios”, aclara.
Su objetivo es
desarrollar una cartera de fincas de 10.000 hectáreas de explotaciones
de
almendros intensivos bajo el sistema de cultivo SES (sistema eficiente y
sostenible) en España y Portugal. Y ya llevan un largo camino
recorrido: “Este año terminaremos de plantar las primeras 5.500
hectáreas. Aunque el camino no está siendo fácil. La inversión solamente
en plantaciones es superior a los 200 millones de euros, con unos 60
millones adicionales para la parte industrial asociada”.
Y
es que, el CEO explica que este tipo de cultivos sostenibles requieren
de grandes inversiones iniciales porque “tenemos que transformar las
fincas e instalar sistemas de riego por goteo y sensores para digitalizar las plantaciones.
También colocamos más árboles por hectárea, que son de menor tamaño
pero con un precio mucho más elevado: en torno a 2.200 euros por
hectárea en comparación con los tradicionales intensivos, que rondan los
400 árboles por hectárea”.
Para conseguirlo, “hemos recurrido a
soluciones de financiación tradicionales y a otras más innovadoras como
el Fondo Agro Smart, con un tiquet de deuda que nos ha permitido mantener este ritmo acelerado de plantaciones”.
Actualmente,
cuentan con plantas repartidas por la cuenca del Ebro en Huesca; la
cuenca del Tajo, especialmente en Extremadura y parte de Castilla la
Mancha;
la cuenca del Guadiana, sobre todo en Extremadura; la cuenca del
Guadalquivir, en Córdoba y Portugal. También cuentan con un par de
núcleos relevantes en la zona del embalse de la Alqueva en Portugal.
“Hasta hoy, el sistema que estamos utilizando nos está generando un
retorno más temprano de la inversión, con plantaciones más precoces.
Nuestra apuesta por la sostenibilidad es firme y estamos seguros de que
el día de mañana conseguiremos abastecer gran parte de la demanda local
de almendras con nuestras propias producciones sin necesidad de
exportar”.