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viernes, 13 de octubre de 2023

El no derecho al aborto / Juan Carlos M. Torrijos *

 

 Una simplificación en la búsqueda del camino
 

Vivimos en una sociedad afortunada, en un tiempo privilegiado, pero parece que no somos conscientes de ello. 
 
Nuestro entorno, ciñéndonos a nuestro país, es privilegiado, tanto en el espacio como en el tiempo: en el espacio, porque en muchos países las mujeres no tienen garantizados sus derechos, como ocurre en Irán, Afganistán y otros muchos o en los que sus ciudadanos tienen que luchar a diario simplemente por sobrevivir al hambre, la inseguridad, las pandemias seculares... que amenazan su existencia y dónde, por ejemplo, la esperanza media de vida es de 53 años, como ocurre en Lesotho; cuando en España es de unos 83 años; siendo el segundo país del mundo con mayor esperanza de vida, detrás de Japón. 
 
En el tiempo, porque en la España de hace 100 años a la mujer le quedaban aún 12 para poder votar y en 1960 aún necesitaban permiso de su marido para determinados actos de contenido jurídico y patrimonial (es decir para disponer de sus propios bienes o dinero), situación está que se prolongaría nada menos que hasta 1975.

El camino equivocado

España hoy, y desde 1978 en que se aprobó nuestra vigente Constitución, es un país democrático y seguro jurídicamente hablando, en el que imperan la ley y el derecho y en el que todos los ciudadanos gozamos de unos derechos y libertades garantizados por nuestra norma suprema (o eso debería ser).

De todos esos derechos vamos a fijarnos solo en tres: el derecho a la vida, el derecho a la propiedad privada y el derecho a la tutela judicial efectiva. El artículo 15 de nuestra Constitución, al afirmar que “todos tienen derecho a la vida", viene a proteger a cualquier ser humano que se encuentre en España, sea o no ciudadano de nuestro país. Por su parte, el artículo 33.1 reconoce el derecho de todos los ciudadanos a la propiedad privada. 
 
Finalmente, el artículo 24.1 de la misma norma legal dice que "todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión”.

Consecuentemente, en España es delito asesinar o simplemente matar a una persona, robar sus bienes y, además, todos tenemos derecho a que la justicia vele por nuestros intereses.

A la vista de esto sería impensable conceder un derecho al robo legítimo del patrimonio privado y a nadie se le ocurriría (espero) legislar que se despenalice el robo o el hurto, aún en supuestos de necesidad económica grave, aunque se trate de casos en los que la cantidad sustraída fuera inferior a un determinado importe. 
 
Por ello, el Código Penal en su artículo 234, castiga la sustracción de bienes ajenos sin que medie violencia. Pero supongamos que el día de mañana esta progresía política que rige sin rumbo fijo nuestros destinos decidiera despenalizar, por ejemplo, lo que hoy es hurto leve (cuando el valor de lo sustraído es igual o inferior a 400 €) en algunos supuestos como el ya citado de necesidad económica grave. 
 
A pesar de ello, a nadie se le ocurriría decir (Dios no lo quiera) que esta despenalización consagra el derecho a sustraer bienes ajenos de escasa entidad y, aún menos, a criminalizar todo intento de oponerse a ser objeto de una sustracción de pequeñas cantidades de dinero o de bienes de escaso valor.

Sin embargo aunque nuestro patrimonio se halla protegido contra apropiaciones indebidas, aún cuando estás sean de escasa cuantía o valor, nuestra vida, valor supremo al del patrimonio para cualquier persona con dos dedos de frente, no está  igualmente protegida; porque a pesar de que en España se garantiza el derecho de todos a la vida, cuando uno de esos “todos” es de escasa cuantía (en este caso un embrión humano de menos de 14 semanas) o de "cuantía intermedia” (si el embrión es menor de 22 semanas y se practica una interrupción voluntaria del embarazo por causas contempladas en la ley), se le puede eliminar impunemente. 
 
Es más, a nivel social ya no se habla de "despenalización del aborto", cómo rezaba el título de la Ley Orgánica 9/1985 de 5 de julio, que despenalizó lo que sigue siendo un delito: el aborto voluntario, en determinados supuestos, sino que se pretende elevar el aborto a la categoría de “derecho”,

Aquí entra en juego el tercer derecho: el de obtener la tutela efectiva de los jueces, que asiste a toda persona. En una interrupción voluntaria del embarazo hay tres tipos de actores: un sujeto activo, que es la mujer que decide abortar; un sujeto proactivo, que es quién facilita, mediante su intervención (y a menudo lucrándose de ella) la práctica del aborto y, el gran olvidado, el sujeto pasivo, que es el abortado o, en román paladino, el muerto (por no llamar asesinado) y a quien nadie parece querer proteger en nuestro país desde los poderes públicos.

Tristemente hemos llegado hoy al punto en el que en España se habla abiertamente de un derecho que no existe: el derecho de la mujer a abortar; pues aunque ella pueda considerarse dueña de su cuerpo, no lo es de la otra vida que lleva dentro de sí, que es un ser vivo diferente de la madre, en lo que hoy podemos encontrar un consenso casi universal y, además, no está en ninguna de los catálogos de derechos en la legislación española o en la internacional relativa a los derechos humanos (aunque no faltan quienes quieren convencernos de lo contrario).

Sin embargo, y aunque sea triste, en España hemos llegado de despenalizar lo que con un eufemismo comparativo podríamos denominar “hurto de vidas humanas de escasa cuantía” y estamos en camino de consagrar el derecho a hacerlo.

Hacia el camino bueno

A pesar de que he tratado reducir la exposición de un grave problema a términos simples, soy consciente complejidad del asunto y de las graves situaciones que siempre conducen a tomar una decisión que ninguna mujer desea. Al fin y al cabo soy padre y abuelo de mujeres y un día pueden verse (también Dios no lo quiera) en esa tesitura.

No obstante en medio de esta complejidad y a semejanza de cuando en una marcha en medio de la Naturaleza nos desorientamos y hacemos un alto para tomar referencias y encontrar la senda adecuada, en este tema es necesario hacer un alto y plantearnos una reflexión que nos permita retomar la el buen camino.

Una vez hecho este alto, he llegado a una conclusión: creo que hay una vía teóricamente muy sencilla y en la práctica asumible, incluso en términos económicos, aunque los que viven del negocio del aborto intenten hacernos creer lo contrario y que, incomprensiblemente, parece que nadie la quiere abordar desde el poder.

Siguiendo el principio de derecho “quien puede lo más, puede lo menos”; es decir, que quien tiene poder para hacer cosas grandes o importantes, puede hacer sobre el mismo tema cosas menores, accesorias, o derivadas de las primeras, vamos a situarnos en el caso posiblemente más desagradable y difícil en esta materia: el del embarazo no deseado motivado por una agresión sexual, por una violación, cuando además la mujer es menor o económicamente dependiente. 
 
A partir de ahí, como supuesto de lo más, es fácil inferir que la misma solución es aplicable a lo menos, como pudiera ser un embarazo no deseado en el seno del matrimonio.

Desde el punto de vista de cómo actuar con el fruto de ese embarazo, se debería abordar ni más ni menos como lo que es, un accidente no deseado. Para clarificar esto pongo un ejemplo: si una persona viaja en cualquier medio de transporte como pasajero y el vehículo sufre un accidente que le produce una lesión irreversible, nuestra sociedad tiene asumido que hay que proteger a la víctima inocente y facilitarle al máximo que pueda llevar una vida plena. 
 
Con el embarazo no deseado, en el supuesto analizado hay que actuar igual: hay que proteger a ambos sujetos: madre e hijo no nacido. A la madre, facilitando que tenga todo tipo de ayudas desde el minuto cero del embarazo (sanitarias, económicas, sociales, psicológicas…) para llevar a buen término el mismo, aún no habiéndolo deseado, como víctima del “accidente" del embarazo. Al futuro bebé, al embrión, que también es sujeto de derechos, hay que protegerlo para garantizar su “derecho” a nacer. Y si la madre decide, por el motivo que sea, no quedárselo, deben ser los poderes públicos los que atiendan tanto a su cuidado con a su educación.

No sólo es una cuestión de pura humanidad (¿a alguno de nosotros nos gustaría estar en el lugar del feto que va a ser abortado?) sino también de supervivencia social. Los datos disponibles hablan de que en España se produjeron en 2022, 98.316 interrupciones voluntarias del embarazo, lo que supuso un incremento del 9,01% respecto al año anterior, lo que supuso casi el 30 % (29,8%) sobre el número de nacimientos registrados en España en ese año (329.892); es decir, la reducción de abortos podría suponer un incremento notable de la tasa de natalidad española (y aún así no llegaríamos a cubrir la tasa de fallecimientos anuales, que en 2020 alcanzó las 463.133 personas).

Como ciudadano aspiro a que el derecho a la vida sea una realidad absoluta en España y que el más débil, el no nacido, sea el más protegido, pero sin olvidar nunca a la madre, aun manteniendo claramente que el derecho a la vida impide dar carta de naturaleza al aborto como derecho y, consecuentemente, esto debería impedir dedicar fondos públicos a financiar, cómo lo hacemos, una actividad inmoral para una sociedad que se declara mayoritariamente católica (según el Centro Español de Investigaciones Sociológicas, el 56,8 % de los ciudadanos españoles se auto identifican como católicos, de los que el 37,9 % se definen como no practicantes, mientras que el 18,9 % como practicantes.



(*) Abogado actualmente

martes, 1 de agosto de 2023

El pasado siempre vuelve, señor Feijóo / Cristina P. Marcote *

 En la madrugada del 5 de agosto de 1999, un Audi A6 se salía de la calzada en el kilómetro 68,5 de la AP-9. Hay un fallecido. ¿Es el hilo conductor de una serie de narcos? No. Es un negro capítulo en la vida de Alberto Núñez Feijóo. Contemplo asombrada como el candidato del PP a presidir el Gobierno, responde a las preguntas sobre su relación con el narco Marcial Dorado con las mismas respuestas que ha ido dando a lo largo de los años. 

Lo terrible es observar que responde siempre lo mismo porque las preguntas son las mismas de entonces. Es cierto que hasta hace un par de días, ningún medio había publicado absolutamente nada de las famosos fotografías de Feijóo en el barco del narco. Algo hemos avanzado cuando ya hasta la prensa internacional se ha hecho eco de esa amistad.

Es sorprendente cómo ante la respuesta del señor Feijóo de que en su época con Dorado no existía Google, para investigar quién era, callemos. Es más sorprendente todavía que con toda la información publicada, nadie le espete: Miente, señor Feijoo. Usted sabía quién era el narco Dorado por varios motivos y uno de ellos, el principal, es por quién se lo presentó: Manolo Cruz. 

El gran protagonista de toda esta trama es Manuel Cruz López. El hombre que sabía demasiado. Socio y testaferro de Dorado, chófer de altos cargos de la Xunta de Galicia como Romay Beccaría, quien impulsó personalmente las carreras de Rajoy y Feijóo. Él, Manolo Cruz, fue el que presentó a Feijóo y al narco Dorado y su trágico final ha estado siempre rodeado de misterio.

Feijóo nunca habla de él más de lo necesario. En una entrevista en el año 2020 a El Diario, menciona que conoce a Dorado por “un amigo” y que siempre estaban juntos cuando lo visitaban. Vuelve a nombrarlo en una rueda de prensa ya como presidente de la Xunta cuando tuvo que decir que no había vuelto a ver a Marcial Dorado desde el entierro en 1999 de Manolo Cruz. 

Miente claramente porque hay grabaciones telefónicas ordenadas por el juez Taín, que instruyó la causa contra Dorado, que van desde el 2001 al 2003, cuando Feijóo era, ni más ni menos que presidente de Correos.

El propio Marcial Dorado reconoce ante Jordi Évole que telefoneó a Feijóo en 2001 para quedar para comer, y que se vieron.  Es por ello por lo que cuando Feijóo dice desconocer las actividades de Marcial Dorado está mintiendo. En Manuel Cruz están todas las claves. Lo de Dorado con Feijóo, no fue una relación puntual fruto de un error de cálculo, fue una relación interesada con viajes pagados y contratos de la Xunta a cambio. Era una amistad añeja con un tipo al que toda Galicia sabía relacionado con el contrabando y el tráfico de drogas.

Voy a obviar los inicios de Manuel Cruz López como “cadenero” en Ferrol. Pero no podemos obviar en qué círculos se movía para poder entender toda la historia.  Manuel Cruz, era amigo de Arsenio Fernández de Mesa, se hizo militante del PP en Ferrol y entra a trabajar como chófer de Romay Beccaría, el mecenas de Rajoy y de Feijóo. 

La Consellería de Romay, con Fraga de presidente de la Xunta, contrataba el suministro de combustible para la calefacción de los hospitales y las ambulancias del Servizo Galego de Saúde (Sergas) con la empresa de gasolineras de Dorado, que también surtían de gasóleo a las planeadoras y camiones con los que el narco transportaba tabaco, hachís y cocaína.

En aquellos años, a principios de los 90, Manuel Cruz comenzó a visitar Vilagarcía y A Illa de Arousa, capital del narcotráfico gallego. Era finales de 1994 y Cruz llevaba una doble vida. Mientras frecuentaba la mansión de Dorado para hablar de “negocios”, atendía sus ocupaciones más públicas como chófer del mentor de Feijóo, Romay Beccaría y militaba en el PP en Ferrol, la ciudad donde vivía.

En esa época, cuando conoció al contrabandista, Feijóo tenía 34 años, vivía en Santiago y era el número dos de la Consellería de Sanidade que dirigía Romay. El entonces prometedor alto cargo empezó a acompañar a Cruz en sus asiduas visitas a la espléndida mansión de Dorado en A Illa de Arousa (Pontevedra), donde se celebraban comidas y reuniones a las que asistía personal de confianza del contrabandista, incluso algunos mandos uniformados. La amistad entre el político y el contrabandista se fue estrechando. 

Entre 1995 y 1998, Feijóo acudió durante todos los veranos a otra casa que Dorado tenía en Baiona, cerca de Vigo. En estas escapadas no faltaba el paseo a bordo del yate que el narco tenía atracado en el Club Náutico de esta localidad turística. La afición de Dorado por los barcos de recreo llevó a Feijóo a pasear a bordo de uno de los yates insignia del contrabandista, el Oratus, que tenía fondeado en Ibiza. Esta embarcación sería intervenida años después en una operación contra el blanqueo de dinero, tras la detención de Dorado en relación con un cargamento de seis toneladas de cocaína, en octubre de 2003.

Manolo Cruz era el hombre de los contactos y un aventajado intermediario gracias a sus relaciones personales y de confianza con la élite política del momento. Una de las primeras operaciones que gestionó fue la compra de los Astilleros Hércules, SL. Los Astilleros Hércules, SL, filial de Astafersa, una empresa vinculada al que fuera consejero de la Xunta con Manuel Fraga, Juan Fernández, para el que además también trabajó de chófer. 

Fabricaban narcolanchas y también tenían contratos con la Xunta de Galicia. El amigo de Feijóo se implicó de lleno en varias de las empresas de Marcial Dorado en el suministro de petróleos a hospitales del sistema sanitario gallego, como es el caso de Petrogalicia, SL o Xatevín, SL, que gestionaba una gasolinera en Caldas de Reis y otra en A Illa de Arousa, en el puerto deportivo. Tenía una concesión de la Xunta y también suministraba combustible a narcolanchas.

El testaferro del contrabandista y amigo de Feijóo, llegó incluso a colocar a varios familiares en este extenso entramado de 40 sociedades que creó Marcial Dorado. Cruz inyectó en esa sociedad 5 millones de pesetas (30.000 euros) y adquirió a través de ella otra firma, JF Oil, una sociedad que gestionaba gasolineras en la provincia de Pontevedra.

Quien le vendió a Cruz, JF Oil, era también alguien vinculado al PP: Evaristo Juncal Carreira, ingeniero de la Xunta de Galicia que desde los años noventa que fue socio de al menos una decena de empresas de explotación de gasolineras, minicentrales, piscifactorías, viñedos y negocios inmobiliarios.  El Plural publicó este titular: “Feijóo protegió a un alto cargo de la Xunta que vendió varias empresas a narcos”.

 ¿Y el señor Feijóo quiere ser presidente del Gobierno con este currículo? 

 El vehículo de Manuel Cruz se salió misteriosamente de la calzada en 1999 cuando iba sólo. La prensa de la época lo calificó como “extraño accidente”. Se llegó a decir que el mismo Feijóo impidió que se le practicara una autopsia. Hubo, de hecho, una pregunta en el Parlamento de Galicia sobre ese tema. 

Manolo Cruz tendría que declarar posteriormente como imputado ante el juez en la Audiencia Nacional pero ya no pudo comparecer ante el magistrado. Feijóo nunca quiere hablar de Manuel Cruz. Tal vez no se le ha preguntado con suficiente insistencia.

¿Tiene algo que ocultar, señor Feijóo?

 

(*) Columnista  y escritora


Libro de la autora sobre el tema para poder descargar:

https://publuu.com/flip-book/184510/451847 

 

https://enfoques.gal/firmas/cristinapmarcote/el-pasado-siempre-vuelve-senor-feijoo/

sábado, 29 de julio de 2023

España al borde del precipicio / Fernando del Pino Calvo-Sotelo *

 

 Escribo pocas veces sobre política española, pero la frustración de las expectativas creadas respecto a una alternancia en el gobierno exige una reflexión. Aunque todo análisis realizado a posteriori –incluyendo este artículo– tiene menos valor que si se hubiera realizado a priori y debe ser tomado cum grano salis, las funestas consecuencias que tendrá la continuación del actual gobierno, cuyos pactos con sus aliados separatistas doy por sentado, requiere de una seria llamada de atención.

La probable permanencia en el poder de un personaje como Sánchez sólo se entiende por un motivo: es un gobernante que nunca ha tenido oposición digna de tal nombre. En efecto, la no-oposición, blandita como el algodón, de Rajoy II (Casado) y Rajoy III (Feijoo) ha sido un regalo extraordinario que le ha permitido cruzar todo tipo de líneas rojas sin recibir coste de respuesta más allá del trémulo piar de un pajarillo. 

Este estilo político de no-oposición se basa en esperar a que caiga la fruta al suelo en vez de cogerla de las ramas del árbol, en ponerse con parsimonia a la cola esperando que antes o después le llegue el turno, en concentrarse en andar de puntillas y no hacer mucho ruido más que en levantar la voz. Es como un café tibio, algo insulso y poco apetecible y la antítesis de la osadía y audacia necesarias para alcanzar el poder, que la ultraizquierda leninista supo utilizar con tanta eficacia.

Errores de bulto y expectativas frustradas

Algunas críticas sobre el modo en el que el PP ha realizado su campaña electoral me parecen justas. La forma más frecuente de ganar unas elecciones es metiendo miedo a la población y diciéndole a quién culpar de ello. Mientras el PSOE dominaba esta estrategia tan burda como eficiente con el miedo a la “ultraderecha” (particularmente en Cataluña, donde los votantes no separatistas prefieren el apaciguamiento a la firmeza y confrontación, al contrario que los separatistas), el PP aludía como socio preferente a un PSOE moderado hoy inexistente a la vez que denigraba a su socio de gobierno natural: la oposición haciéndose oposición a sí misma. 

En abierto contraste, el PSOE trataba con guante blanco a sus socios comunistas sin mencionar en ningún momento el “voto útil” a pesar de que la izquierda está tan dividida como la derecha – dividida, pero no enfrentada.

Tras afirmar sentirse “más cerca del PSOE que de Vox” (¿será cierto?), el PP cayó en la trampa de asumir el discurso de su adversario y realizó una campaña acomplejada y a la defensiva centrada en disculparse por sus pactos. ¿Tan difícil era poner como ejemplo el éxito de Madrid, donde tras un gobierno del PP con el apoyo de Vox no sólo no han desfilado las huestes franquistas por la Castellana, sino que los ciudadanos, encantados, han otorgado al PP mayoría absoluta? 

La patológica falta de combatividad de la no-oposición le impedía incluso fingir indignación y exigir explicaciones a Sánchez por la estable alianza del psicópata con la “ultraizquierda” y el separatismo de pasado golpista o terrorista. Que le haya sido más sencillo al PSOE asustar con la “ultraderecha” que al PP asustar con la alianza subversiva que personifica Sánchez (y que asusta incluso al minoritario socialismo moderado que tantos añoramos) resulta increíble. Por último, la ausencia del líder del PP en el segundo debate fue algo tan patético como el escaño vacío de Rajoy en su moción de censura.

Por lo tanto, aciertan quienes señalan como un problema al principal partido de la no-oposición, pues, como en Hamlet, “algo huele a podrido en Dinamarca”. En efecto, la dinastía Rajoy no terminó con su marcha de la política, sino que continuó con sus sucesores, que permanecieron fieles a ese estilo timorato que he descrito antes y que supone una verdadera bendición para un gobernante agresivo y sin escrúpulos como Sánchez. 

Éste es el verdadero nudo de la cuestión, y muestra un problema mucho más profundo que afecta a la política española desde la Transición.

El desequilibrio de fondo de la política española

Este estilo de comportarse se basa en la aceptación de las reglas, del lenguaje y de las definiciones de bien y mal del adversario político (el PSOE state of mind de Quintana Paz), lo que da lugar a la dócil aceptación de un doble rasero. Quien expide los pasaportes de corrección política es la izquierda. Por ejemplo, los comunistas subversivos de Podemos, los filoterroristas de Bildu o los delincuentes separatistas catalanes son partidos respetables, pero Vox es una peligrosa “ultraderecha” a la que hay que encadenar. 

¿Se imaginan que al golpista Tejero – que pasó 15 años en prisión – se le hubiera indultado a los 3 años como a los catalanes? ¿Se imaginan que el caso ERE – el mayor escándalo de corrupción de la democracia– hubiera afectado a la derecha? Pero la mayor muestra del doble rasero es que, a pesar de que desde la llegada de la democracia toda la violencia política ha provenido de la extrema izquierda (tanto con el terrorismo marxista de ETA y el GRAPO como con los escraches y las violentas manifestaciones de batasunos y podemitas), es sobre la derecha sobre quien recae la sospecha permanente de extremismo.

El mismo estilo es el que explica la obsesión por el “centrismo”, concepto que nada tiene que ver con la loable definición aristotélica de virtud (el justo medio entre dos extremos), sino con un vacío absoluto de ideas y principios y un abandono de la lucha política rayano en la cobardía. ¿Observa acaso el PP que Sánchez o Podemos hayan alcanzado el poder gracias a su “centrismo”? ¿Cómo aspira a tener éxito un partido que vive atrapado por el miedo a pisar las líneas que le marca su adversario para provocarle una indefensión estructural?

En España la mitad del espectro político decidió hace muchos años dar por perdida la batalla del lenguaje y aceptó jugar con las cartas trucadas sin presentar debate ideológico o cultural alguno, limitándose a un seguidismo de toda iniciativa política que presentara la otra mitad (feminismo, ideología de género, etc.). Naturalmente, esto incluye adoptar el epíteto de “ultraderecha” (los ultras sólo pueden ser de derechas) para demonizar al partido que nació originalmente como una disidencia de los votantes traicionados por Rajoy.

En efecto, la crisis crónica del PP y la división de “la derecha” tienen como responsable último a Rajoy, nombrado a dedo con escaso acierto. Tras dos derrotas electorales consecutivas, sólo pudo ganar las elecciones del 2011 gracias a una enorme crisis económica utilizando como ariete la única acción responsable de Zapatero, que fue congelar las pensiones en un entorno de quiebra técnica del Estado. 

El PP prometió no congelarlas y bajar los impuestos, pero al llegar al poder aumentó las pensiones un insignificante 0,25%, subió los impuestos más allá de lo que proponía el Partido Comunista y, lejos de avergonzarse, se jactó de ello a través del ministro de Hacienda más dañino para la seguridad jurídica de nuestro país (hasta la llegada de Sánchez y el desastre Montero, naturalmente): “Me río porque hemos desconcertado a la izquierda”, afirmó encantado Montoro. Poco tiempo después, el gobierno del PP volvió a mentir sobre la subida del IVA, que realizó después de las elecciones andaluzas del 2012 tras afirmar que no lo haría.

Tras prometer luchar contra la corrupción (sin comentarios) e incumplir su programa, que incluía “la reforma del sistema de elección del Consejo General del Poder Judicial, para que, conforme a la Constitución, doce de sus veinte miembros sean elegidos por los jueces”, continuó traicionando a sus electores al mantener el protocolo que permitió la salida airosa de ETA tras su derrota policial. 

Incumplió sus promesas y consolidó todas las leyes ideológicas de ZP, incluyendo la de Memoria Histórica o la del aborto: es más, susurró a sus magistrados afines que metieran en un cajón su propio recurso ante el Constitucional. Increíble.

De este liderazgo tan dañino, del que el PP jamás ha entonado un mea culpa, nació Vox, un partido que tras su inicial ascenso perdió impulso y quedó noqueado con su fracaso en Andalucía, donde intentó pasar de partido nicho a partido mayoritario. 

Su dificultad para evolucionar desde una política de guerrilla a la de una política de gobierno, sus inoportunas estridencias estéticas y verbales, que favorecen la caricatura y el voto del miedo, la carencia de renovación de sus cuadros y las extrañas inclusiones y exclusiones en sus listas electorales son errores propios de la formación, que sorprendentemente ha omitido toda autocrítica.

La “derecha” puede acudir a las elecciones dividida, pero no enfrentada. El tiempo de despreciarse mutuamente o de apelar al cansino timo del “voto útil” ha pasado.

Los que miran sin ver y escuchan sin entender

Pero el verdadero culpable de que Sánchez pueda seguir gobernando es esa parte del electorado español que le ha votado a pesar de protagonizar la legislatura más escandalosa de la democracia. A esa parte del electorado no parece importarle nada sus mentiras constantes respecto a no indultar a los golpistas catalanes o no gobernar con los comunistas ni con los simpatizantes del terrorismo vasco; o la entrega al País Vasco de las competencias penitenciarias, a lo que se habían negado todos los gobiernos anteriores, que ha servido para acelerar el tercer grado de terroristas de ETA, o la reforma ad hoc del delito de sedición y de malversación para premiar a los golpistas catalanes. 

Esta parte del electorado tampoco parece darle importancia a la preocupante demolición institucional que ha llevado a cabo, desde su asedio a la jefatura del Estado, al escandaloso cese, sin precedentes, de la directora del CNI o al dictatorial control de un Tribunal Constitucional absolutamente politizado que parece querer bordear la prevaricación sin fingir ya siquiera un mínimo de objetividad.

Los votantes de Sánchez tampoco parecen comprender que votarle significa votar el independentismo catalán y el filoterrorismo de Bildu (ojo, su socio más leal), que amplifican su poder gracias a Sánchez, su topo en la Moncloa. Si esto no les importa, imagínense lo poca importancia que darán a su guerracivilismo desenterrador de muertos, a la sistemática erosión del Estado de Derecho con su abuso del decreto-ley, su ilegal estado de alarma o la aprobación de leyes abiertamente inconstitucionales, o a sus tics autoritarios que le llevan a evitar exponerse al escrutinio público de la prensa o el Parlamento. 

Tampoco parece importarles el cambio de política exterior respecto al Sahara y su sometimiento a Marruecos en detrimento de los intereses nacionales tras el sospechoso espionaje a su móvil, actuación que en un país con instituciones más sólidas habría dado lugar a una seria investigación independiente. 

Por último, también les da igual su estilo macarra y el impudoroso amor al lujo y a los privilegios de que ha hecho gala, más propios de un dictador de república bananera que del primer ministro de un país europeo. El mérito de Sánchez es haber comprendido precisamente esto: que puede hacer lo que le venga en gana porque a una parte de su electorado todos estos escándalos le vienen grandes o le resultan indiferentes.

La lección que extrae un psicópata de estas elecciones es que tiene carta blanca para hacer su voluntad sin límite ninguno. Prepárense. Especializado en explotar la carencia de contrapoderes del régimen del 78, que no supo crear instituciones fuertes e independientes ni arbitró suficientes mecanismos de autodefensa ante una situación así, Sánchez continuará con su agenda subversiva e inescrupulosa de demolición del sistema con un poder crecientemente autocrático y arbitrario sin que la ley le sirva de freno, pues domina el Constitucional como si estuviéramos en la URSS. 

No esperen ninguna ayuda de la UE: Sánchez es uno de los suyos, pues saca un diez en todas las asignaturas ideológicas de Bruselas.

Si Sánchez se mantiene en el poder, el daño que producirá a España será difícilmente reparable: el régimen del 78 quedará herido de muerte y la Constitución será papel mojado. Lamentablemente, ni la oposición, ni los medios, ni gran parte de los españoles se han enterado de lo que nos jugábamos en estas elecciones.

 

(*) Economista

jueves, 27 de julio de 2023

¿Quién ha ganado las elecciones? / Santiago Alba Rico *



España es un país difícil. La derecha lo quiere simplificar. Es ese, desde los Reyes Católicos, su impulso histórico: lo llamaré el "método Procusto", por el mitológico ladrón que ajustaba el cuerpo de sus huéspedes, sierra o martillo mediante, al tamaño de la cama; o también "método Gordias", en referencia al complicadísimo nudo que Alejandro Magno, sin tiempo que perder, cortó de una cuchillada para conquistar la Frigia. La derecha quiere decidir el tamaño de España. La derecha quiere deshacer el nudo llamado España a golpes de espada.

Como sabemos, hay dos figuras retóricas que utilizamos con frecuencia, de manera cotidiana y banal, y de las que a veces abusan los periodistas y los políticos. Tenemos, por un lado, la sinécdoque, que consiste en nombrar la parte por el todo o viceversa; y tenemos la prosopopeya, mediante la cual atribuimos cualidades humanas a una entidad o concepto abstracto. 

Sin ellas sería muy difícil hablar y casi imposible dar la mayor parte de las noticias; pero su uso esconde a veces trampas conceptuales potencialmente engañosas. "Los españoles votan a la derecha" o "los españoles votan a la izquierda" son sinécdoques a través de las cuales solemos resumir un resultado electoral, olvidando que los partidos que pierden las elecciones también están compuestos de españoles. "España vota a la derecha" o "España vota a la izquierda" son, por su parte, prosopopeyas que se representan España como una persona vida dotada de una única voluntad.

Si pretendemos titular las elecciones del pasado domingo mediante estas dos figuras retóricas, hay que reconocer que tan legítimo es que Feijóo declare que "España y los españoles han votado al PP" (pues ha sido, por los pelos, el partido más votado) como que Sánchez y Díaz afirmen que "España y los españoles rechazan las políticas reaccionarias del PP y de Vox"" (toda vez que, en efecto, el resultado no da a la derecha una mayoría suficiente para formar Gobierno). 

¿Quién ha ganado entonces las elecciones? No las ha ganado, no, la derecha, pese a la exigua ventaja en votos de Feijóo sobre Sánchez,  pero tampoco —seamos un poco sensatos— las ha ganado la izquierda, por muy grande que sea nuestro alivio desde el pasado domingo.

¿De quién ha sido la victoria? Las elecciones, digamos la verdad, las ha ganado la dificultad. Y eso es manifiestamente bueno. Pues si aceptamos, como sostengo en el primer párrafo, que España es un país difícil (una radical complejidad histórica y territorial, un nudo endiablado), podemos rematar todos estos tropos poéticos afirmando que "España ha elegido la dificultad" o, valga decir, que "España se ha votado a sí misma" o, a modo de colofón retórico, que "España ha ganado las elecciones". 

Esto es lo realmente bonito e incómodo del 23J: España quiere ser difícil, aunque no quepa bien en el lecho de Procusto; pide ser desatada con cuidado, como un nudo enrevesado, y no ser forjada en un molde de un solo hachazo. Este "querer ser difícil" es lo que a veces se llama, con otro nombre, democracia.

Bienvenida sea, pues, esta dificultad precariamente victoriosa que la derecha, desde don Pelayo, quiere simplificar de un tajo. Bienvenido sea un resultado electoral que reivindica —también por los pelos— la complejidad democrática sobre la simplicidad retórica y autoritaria. Bienvenido sea ese país difícil que asoma a veces entre las costuras y que nunca acabamos de construir.

España, sí, es un país difícil y lo es por muchas razones. Algunas las comparte con el resto del mundo: neoliberalismo revolucionario, desigualdades sociales, descrédito de las instituciones democráticas. Pero frente a las crisis globales cada país reacciona recapitulando y actualizando su propia historia. No sé si la de España es la más triste, como lamentaba Gil de Biedma, pero está quizás en el top 10.

El miedo que muchos hemos pasado en las semanas anteriores a las elecciones y el alivio con que respiramos desde el domingo pasado tiene mucho que ver con este regüeldo o regreso del estilo hispano: ausencia de élites democráticas, alianza entre los intereses económicos y el pensamiento reaccionario, negación radical del otro en nombre de una España encogida y homogénea en la que precisamente España —la España difícil que ha sacado la cabeza en las últimas décadas— no cabe.

Paradójicamente la derecha española ha llamado siempre "España" a una idea abstracta muy simple y "anti-España" a la difícil España realmente existente. Nuestra derecha se ha radicalizado, como la estadounidense, la italiana o la brasileña, pero lo ha hecho de una manera muy castiza, mediante un negacionismo patriótico que niega precisamente la endiablada dificultad de España. 

Esta es la paradójica dificultad adicional de un país difícil y mal construido: la de una derecha premoderna que quiere simplificar todas las dificultades: las relaciones entre los cuerpos, las relaciones entre los territorios, las relaciones entre los poderes, las relaciones entre las clases, las relaciones entre las memorias.

Así que convendría no olvidar algunas cosas. La primera: que esa derecha simplona y radical no ha ganado, pero tampoco ha perdido las elecciones. El domingo pasado no consiguió los votos necesarios para gobernar el Estado, pero gobierna la mayor parte de las instituciones locales y autonómicas y, sobre todo, opera ya en una sociedad antropológicamente más neoliberal, más reaccionaria y menos democrática.

Tampoco conviene olvidar —en segundo lugar— que la España difícil que ha ganado las elecciones (por utilizar la sinécdoque abusiva banal) no es de izquierdas: el escrutinio visibiliza de hecho la España republicana y federal que aún no existe de derecho. En España no hay, como se cree, un bloque de derechas enfrentado a un bloque de izquierdas.

Hay una derecha castiza, nacional, simplificadora y radical, enfrentada a una constelación territorial e ideológica diversa: formada —es decir— de dos izquierdas españolas (PSOE y Sumar, una más moderada y otra más transformadora), tres izquierdas nacionalistas no homologables entre sí (ERC en Catalunya, Bildu en el País Vasco y BNG en Galicia) y dos derechas nacionalistas, vasca y catalana, cuyos programas no se reducen al pragmatismo económico (PNV y Junts).

La España difícil es tanto de izquierdas como de derechas; por eso es ya republicana y federal y por eso, frente a la España simplona de Procusto y Alejandro, es mucho más democrática. España, de hecho, lo sabemos, no puede gobernarse democráticamente sin los nacionalismos centrífugos, de izquierdas y de derechas, a los que habrá que agradecer que, en una coyuntura difícil (y a veces con un ejemplar sentido de la responsabilidad), estén ayudando a las izquierdas españolas a salvar la democracia y el derecho en España.

A cambio, el futuro Gobierno de coalición —si, como espero, llega a formarse— debería hacer explícita de una vez por todas la dificultad nuclear de nuestro país y movilizar todos los medios a su alcance para convencer a los ciudadanos de que la democracia —la complejidad negociadora, el nudo desatado a muchas manos— es mucho más satisfactoria, pacífica y eficaz que cualquier simplificación patriótica. 

Frente a la tentación de la simplicidad, alimentada por buena parte de los medios de comunicación, necesitamos una pedagogía de la dificultad: un patriotismo de nudos y lazos y no de tajos y atajos.

El verdadero desafío para ese Gobierno será el de construir una sociedad menos neoliberal, menos reaccionaria y más democrática que deje hablar y votar, pero no mandar, a los simplificadores. 

La España difícil que se ha votado a sí misma no se va a imponer en los próximos cuatro años como pluralidad de destino en lo territorial, pero el PSOE de Sánchez (del otro mejor no hablar) no debería olvidar que, más allá de sus negociaciones con Junts, la democracia en España seguirá estando en peligro mientras no se haga retroceder al mismo tiempo el neoliberalismo, el oscurantismo mediático y el castizismo institucional y territorial. 

La España difícil debe ser, de manera simultánea, un hecho electoral y un proyecto de futuro.

Pero la España difícil —por último— es ese conglomerado de cálculos, desencantos y temores que ha comparecido, de manera inesperada y en el último minuto, en unas elecciones en las que muchos votantes de izquierdas han votado a regañadientes y sin esperanza de representación. 

El PSOE no debe olvidar, por ejemplo, a los muchos votantes de Sumar que le han prestado el voto en provincias donde solo el partido de Sánchez podía obtener escaños. Una parte de Sumar está hoy dentro del PSOE y eso debe reflejarse en los acuerdos de Gobierno y en las leyes. 

Sumar, por su parte, no debería olvidar a los muchos abstencionistas convencidos que le han prestado el voto por temor a las políticas simplificadoras de la derecha radical. Si Sumar quiere comprometer para siempre a ese electorado intermitente de izquierdas tendrá que llevar su programa económico y social al Consejo de Ministros, sí, pero también ofrecer a los jóvenes que se politizan una organización acogedora, plural y democrática: el país difícil no puede ser aún federal y republicano, pero nuestras organizaciones políticas sí.

El 23J fue un alivio, no un triunfo. Ahora toca trabajar, atando y desatando nudos, para formar un gobierno que represente y defienda la España difícil y democrática y deje poco a poco sin habitantes, mediante leyes mejores y mejor defendidas, esa España simplificadora y autoritaria que la derecha castiza radicalizada (racista, machista, homófoba y neoliberal) va a seguir tratando de imponernos, con democracia o sin ella.

 

(*) Escritor, filósofo marxista y ensayista

 

https://blogs.publico.es/dominiopublico/54407/quien-ha-ganado-las-elecciones/

miércoles, 26 de julio de 2023

Vox blinda a Sánchez / Gabriel Albiac *



 Sucedió en otra era. Inicio de los años ochenta del siglo pasado. En París, Pierre Bérégovoy, que es entonces ministro de finanzas de François Mitterrand y que será después su primer ministro, conversa con un selecto grupo de periodistas, amigos de la causa. Están inquietos. ¿Por qué la televisión francesa –única y pública en aquel tiempo– fomenta con descaro la presencia de un político tan histriónicamente parafascista como Jean-Marie Le Pen?

Y Bérégovoy deja aflorar esa sonrisa benévola de los que están en el secreto. Y pide discreción a los amigos mediáticos: «Veréis, es una idea genial del presidente. Si logramos que Le Pen suba por encima del 9 por ciento en las generales, la derecha clásica será inelegible. De modo permanente. Haced cuentas». Las hicieron. Era una aritmética elemental. Y mortífera. El todopoderoso gaullismo quedaba excluido del poder, no por un ascenso en flecha de la izquierda. Eso vendría luego. 
 
Quedaba inhabilitado por el pequeño –pero suficiente– porcentaje de clientela que iba a perder por el lado de la extrema derecha del Frente Nacional. Y esa pérdida –y esa inhabilitación– perduraría. Con ella estaría garantizada la continuidad de Mitterrand, en lo que para él fue más un trono que una presidencia. Al cabo, sólo la enfermedad y la muerte rompió esa inercia. Y Mitterrand consumó su anhelo de siempre: ser jefe de Estado vitalicio. Con más poderes de los que ningún Monarca absoluto soñó nunca.
 
Ante Sánchez, parece haberse abierto ahora un proyecto casi calcado sobre aquel de la Francia de los años ochenta. Un azar, que nadie hubiera previsto hace diez años, ha dislocado, a la derecha del PP, una fracción ideológicamente caótica y retóricamente alarmante: Vox. Y esa fracción, administrada con eficacia, puede dejar ilimitadamente fuera del gobierno al centro-derecha español.
 
Ningún historiador reconocerá, en esa amalgama de ocurrencias infantiles y alarmantes grandilocuencias que es Vox, nada que se ajuste bien al concepto clásico de «fascismo». Más bien, si se quiere jugar a las genealogías, estamos ante una especie de hijo no muy brillante del tradicionalismo que pudrió nuestro siglo XIX, paralizando la modernidad española.
 
 Y que hoy debería aparecernos como una muy curiosa pieza de anticuariado. Pero, en política, no cuenta lo que uno es, sino la imagen que de uno puede construir la apisonadora mediática. La de Sánchez es extraordinaria: y el esperpento alzado se llama «Vox = fascismo = verdadero PP». Funciona. Eso demostraron las urnas en la noche del domingo.
 
Disparatado, en rigor. Pero ahí está. Y aquí, aquel «efecto Mitterrand», que Bérégovoy tanto alabó antes de suicidarse con la pistola de su escolta, esa «inelegibilidad» del centro-derecha, está en trance de consumarse. El sistema electoral español suma un plus en el coeficiente voto/escaño a favor de las candidaturas únicas y en perjuicio de las múltiples. Fue el recurso comprensible de una «transición» que buscaba la estabilidad mediante partidos fuertes y la extinción del temido enjambre caótico de los pequeños. 
 
Así, los votos sumados de PP y Vox (que, al cabo, empezó siendo sólo una escisión de descontentos en el partido de Rajoy) hubieran dado una mayoría de escaños bastante cómoda en el parlamento. Mientras concurran dos listas separadas, su posibilidad de sumar mayoría es cero. O casi. Y decidirán siempre los independentistas.
 
No hacía falta ser un genio para entender eso. Es lo que una pareja de asesores áulicos explicó a Sánchez en la madrugada del 29 de mayo, tras el batacazo municipal y autonómico. «Con Vox robando voto al PP, no hay posibilidad alguna de que Feijó sume los escaños suficientes en las generales. Puede que tú no ganes. Pero él tampoco. No tiene alianzas posibles: no podrá gobernar. Tú sí las tienes: Bildu, Esquerra, Puigdemont casi seguro… 
 
Vox hace inelegible a la derecha española. Es una ocasión de oro, sería estúpido no aprovecharla». Sánchez supo escuchar: no era tan complicado como escribir una tesis doctoral. Y el cálculo funcionó: los números siempre funcionan. Hoy, Vox es la garantía de continuidad de Sánchez. Y su coartada para cualquier cosa. Vox blinda a Sánchez.
 
Epílogo para franceses. Cuarenta años después del genial «algoritmo Mitterrand», el partido mayoritario en Francia es –ahora pilotado, modernizado y rebautizado por su hija– el de aquel parafascista loco llamado Jean-Marie Le Pen. El partido socialista no existe. Y la Francia republicana ve, con estupor, la inexorable llegada a la Presidencia de su peor pesadilla.

 

 (*) Filósofo


https://www.eldebate.com/opinion/20230726/vox-blinda-sanchez_130444.html

martes, 25 de julio de 2023

Plan Divino / Guillermo Herrera *


Después de que se crearon los templarios suizos luciferinos para sustituir secretamente a los templarios originales de esencia crística de la línea del Grial, proclamaron su elitismo genético y su derecho divino a gobernar, según Peter B. Meyer. Son los grupos arcontes del planeta Saturno los que manipulan las energías de la conciencia para difundir y conservar creencias oscuras.

Un evento desencadenante clave de la línea temporal comenzó con las invasiones celtas hace 9.500 años, cuando la agenda negativa hizo su primer intento de crear una súper-raza de élite genéticamente pura para gobernar el planeta. Este proceso evolucionó hasta que se creó la masonería, los templarios, los rosacruces, los jesuitas y otras sociedades secretas. Se diseñaron para ocultar a la gente el antiguo conocimiento sagrado de los verdaderos orígenes de la Humanidad con el fin de conducirla a la religión organizada.

FRENO

Aún no ha tenido lugar la liberación final de la Humanidad, por una sola razón: el miedo colectivo tiene una frecuencia lo suficientemente alta como para mantenerla cautiva. Junto con la energía de la culpa, el miedo forma parte de la plantilla de poder que ejerce el dominio y mantiene en funcionamiento los poderes ocultos del lado oscuro. La agenda en la sombra está basada y sostenida por la energía emitida colectivamente por la Humanidad.

Sin embargo, el Plan Divino ha determinado el final de la oscuridad en este universo, y para que ocurra eso, es necesario que las almas que aún disfrutan de la oscuridad tengan una solución en lo que respecta a su frecuencia de conciencia. Durante muchos milenios, han sido liberadas aquí para que pudieran volver al camino de la luz a través de la coexistencia pacífica con una Humanidad de corazón puro.

Durante más de trescientos mil años, el Creador esperó pacientemente su regreso. Sin embargo, una gran mayoría de estas razas no aceptó la recapitulación. Prefirieron seguir con su plan de rebelión. Sabiendo que sólo tenían dos caminos, rendirse o ser capturados, crearon una agenda oscura para asegurarse. Así que desarrollaron muchos esfuerzos basados en mantener su dominio en estos últimos 26.000 años.

Quizás el más importante de ellos, fue el experimento genético entre las razas invasoras y la especie humana en la Tierra. A través de los híbridos, obtuvieron un poder que no tenían antes, ya que no se les permitía encarnar en la Tierra. Sin embargo, sus representantes híbridos sí pudieron encarnarse, porque se convirtieron en humanos como los demás, sólo que con ADN reptil, cuya principal característica es el deseo insaciable de poder.

También sufrieron una alteración en su cuerpo emocional, por lo que no sienten emociones compasivas, amor ni respeto por los demás. Su único objetivo es el resultado, independientemente de los medios utilizados. El fin justifica los medios para ellos. Estos híbridos encarnados han ocupado gradualmente la mayoría de las posiciones de poder sobre todo y sobre todos. Durante estos 26.000 años, han llegado a donde están hoy, según su agenda.

CONTROL

El Creador siempre ha mantenido el control sobre su creación. Por mucho amor y compasión que tenga por sus hijos, fue necesario poner límites a estos rebeldes. Hace dos mil años, un emisario del Creador, a quien conocemos como el Maestro, vino encarnado con la Humanidad para decirles que había terminado su tiempo de dominio. Aunque esa misma Humanidad se volvió contra ese emisario llamado Jesús, su mensaje quedó grabado en muchas conciencias humanas. Como una semilla, se propagó rápidamente y se extendió en todas las direcciones del planeta.

La oscuridad conocía las consecuencias y no tardó en crear múltiples doctrinas religiosas entre los encarnados, utilizando a sus representantes híbridos para su aplicación. Esto hizo posible que incluso en la hipótesis de que un ser humano no se alinease con una religión y adoptase otra, aún permaneciese bajo el control de los híbridos.

Poco a poco, todos los segmentos de la sociedad humana fueron controlados de arriba abajo por el mismo grupo dominante. Cuanto más sentían que se les acercaba el asedio, tanto más aceleraban su plan, ya que no cesaba la autoridad del Creador.

MIEDO

A través del sufrimiento infligido, descubrieron que el miedo era la más paralizante de las acciones sobre los seres humanos. El miedo hace que la gente acepte cualquier cosa que se le ofrezca tan pronto como se les diga que les salvará.

No ha existido ni existe hoy un arma de dominio más poderosa que el miedo. Las propias religiones han infundido miedo a sus seguidores a través de sus dogmas. Un miedo innecesario, pues nunca deberíamos tener que temer a Aquel que nos creó basándose en el amor y en la luz.

Todo lo que nos asusta se basa en la creación de la oscuridad, las mismas situaciones que hieren a la Humanidad, incluyendo las tragedias, el hambre y la desgracia. Y por si fuera poco, los de la no luz han amenazado con acabar con la Humanidad si intervienen intervienen las fuerzas galácticas positivas en su favor.

Pusieron a la Tierra en cuarentena y crearon un cinturón magnético a su alrededor, que también impidió la llegada de la ayuda necesaria, y desarrollaron muchas más acciones: guerras, luchas de poder, un sistema financiero servil, control del clima y hambre. Artimañas destinadas a causar miedo y dolor.

Pero el Creador nunca abandona a su creación. Él ha dado un ‘stop’ a este grupo rebelde. Nada ni nadie tiene más poder que el que crea los mundos, y se ha fijado una fecha límite para volver al camino de la Luz o rendirse. No hay tercera opción. Muchos han aceptado el regreso a la casa del Padre. Se les ofrecerán oportunidades para recapitular en mundos de pruebas y reconciliación, pero se trata de un acontecimiento mayor, ya que se sube una escalera, empezando por el primer peldaño.

PLAN DIVINO

La superación de la oscuridad comenzó hace unos años, empezando con la destitución de entidades físicas adicionales en la cima de la pirámide de mando. Descendió hasta la base y ahora ha comenzado entre los híbridos encarnados. Se estima que todo estará terminado dentro de esta ventana de 50 años, que va desde 1975 a 2025. Aunque uno no pueda ver todo este movimiento, debemos tener fe en este Plan Divino.

El mando de la “no luz” ha acelerado su agenda ya que sienten que se les acaba el tiempo rápidamente. Sin el apoyo de las entidades no físicas que anteriormente les daban su guía, se aplicó la agenda que preveía ciertas acciones hasta el 2050. Esta fecha se adelantó a 2030 en un intento de mantenerse en el poder. Incluso eso no fue suficiente, así que adelantaron la agenda aún más, hasta 2019. Esto ya no tenía sentido, como podemos ver ahora, con una situación caótica.

De hecho, ahora ni siquiera tienen agenda, porque fracasa todo lo que intentan. Ni guerras, ni enfermedades, ni crisis financieras, ni falta de alimentos. Todo será un intento desesperado por sobrevivir de la gente oscura. Así que no tengáis miedo. Cuando sentimos miedo, bajamos la frecuencia del colectivo, y esto da apoyo a la no luz.

No entres en el miedo. Nada sucederá si el Creador no lo permite, y Él ya ha decidido la liberación de la Humanidad. No hay poder más grande que el de aquel que creó. Somos seres divinos y todo lo que tenemos que hacer es confiar en el Plan. Soy Vital Frosi y mi misión es la iluminación.

https://finalwakeupcall.info/es/2023/07/15/templarios-suizos-octogon/

VIAJEROS DEL TIEMPO

El grupo por Steve Rother.- La mayoría de ustedes ha viajado desde trescientos años en el futuro para estar aquí en este cruce de tiempo y espacio. Se han movido hacia atrás para estar aquí en este punto de equilibrio crítico del planeta Tierra y es un momento mágico.

Aunque se puede ver como algo negativo mucho de lo que está pasando, así es como los seres humanos suelen percibir el cambio. Cuando comienza a ocurrir un cambio masivo, se puede ver como algo negativo, pero se está comenzando a disipar la polaridad, aunque eso puede parecer extraño cuando miras las noticias de la tele.

Es muy simple vuestra labor como misioneros de la luz, como seres espirituales que caminan en estos cuerpos físicos densos. Cuanto más puedas elevar tu frecuencia, menos peso tendrás. Cada vez que sonríes, o estás en tu pasión y haciendo lo que viniste a hacer, te estás moviendo hacia esa frecuencia superior y crea menos peso en la Tierra.

https://www.espavo.org/

NUESTRAS ARMAS

El lado oscuro parece haber penetrado en todas las áreas de la vida: médica, educativa, religiosa, política y militar. Si queremos que se vayan, no podemos hacerlo usando sus tácticas ni sus estrategias. Tienen ametralladoras que disparan más rápido de lo que pueden ver nuestros ojos, drones que entregan cargas útiles, armas de sonido que inmovilizan, etc. Todo lo que necesitan es provocación y, si no la proporcionamos, se asegurarán de que alguien más lo haga, con agentes provocadores.

Tenemos que usar nuestras propias armas, no tácticas ni estratégicas, sino expresiones sinceras. Incluyen la paz, la veracidad y la solidaridad. Saca el cariño de tu corazón y envíalo al mundo. Eso es suficiente.

Para que el mundo pueda atravesar la creciente crisis con el menor daño y perjuicio posible para todos, necesitamos meditaciones, oraciones, invocaciones y afirmaciones. Necesitamos unir al mundo en la paz, no en la guerra. Al hacer esto, derrotamos los esfuerzos de la camarilla, sin arriesgar la vida.

Los invisibles están conduciendo naves espaciales en estos días y están impidiendo el uso de armas nucleares y limpiando la Tierra de los residuos de uranio empobrecido, porque esta sustancia es un asesino de planetas. Ya habría muerto este planeta sin la ayuda de los galácticos.

https://goldenageofgaia.com/2018/09/05/this-planet-would-have-died-without-the-galactics/

https://goldenageofgaia.com/2023/07/20/staying-peaceful-truthful-and-loving-amid-this-apparent-looming-crisis/

 

(*) Periodista

lunes, 17 de julio de 2023

Esta izquierda merece perder / Antonio Caño *


Contra el pronóstico de las encuestas del CIS y El País, cabe la sorpresa de que la izquierda sea desalojada del poder el próximo domingo. Sería un desenlace lógico después de una gestión desacertada y obedece más a los continuados errores de Pedro Sánchez y sus socios que a los aciertos del Partido Popular y Alberto Núñez Feijóo, quienes, al fin y al cabo, se han limitado a prometer un poco de sensatez.

Quienes aún defienden al Gobierno se empeñan en destacar las muchas cosas buenas que, según ellos, ha hecho. Mencionan la pacificación de Cataluña, el salario mínimo, la subida de las pensiones, el crecimiento económico del último año y el aparente control de la inflación, entre otras medidas sociales y medioambientales que justificarían darle una nueva oportunidad a la actual mayoría.

No parece verlo así el electorado, que, si son ciertos los sondeos publicados por otros medios, además de poner en duda esos méritos, tiende a conceder más importancia a los pactos inverosímiles, los abusos de poder, la polarización, la conducta arrogante y la constante actitud propagandista y evangelizadora que se le atribuye a las principales figuras del Gobierno.

No estamos ante un caso más en la historia de la democracia en la que un partido de izquierda, agotado y carente de iniciativas tras unos años de gestión, cede el paso a un partido de derechas que corrige levemente el rumbo en una dirección más conservadora. Otras veces en las que un gobierno de izquierdas ha perdido las elecciones, lo ha hecho sin que con él perdieran también las ideas que lo sustentaban. Todo lo más, perdía un líder y un plan particular, nunca la causa ni el ideario de la izquierda, que permanecían en la reserva, a la espera de que el país los volviera a necesitar. Se llamaba alternancia política.

Los personajes que hoy gobiernan España, en cambio, han arruinado en cinco años el capital de la izquierda, han ensuciado su ideario y han desacreditado sus mejores causas, desde el feminismo hasta el ecologismo, que hoy parecen asuntos más propios de descerebrados y mamarrachos que de capacitados activistas con los que cualquiera puede sentirse tentado de colaborar.

El repaso a las causas deslegitimadas sería largo, pero basta mencionar también las de la cultura y la libertad de expresión, convertidas por esta izquierda en un campo vedado en el que sólo caben los amigos, los adeptos y los que por cualquier otro motivo siempre les dan la razón.

Esta izquierda merece, por tanto, perder las elecciones del domingo. Merece perderlas, no sólo porque este país necesita un descanso de tanta arbitrariedad y tanto experimento chungo, sino porque esta democracia merece recuperar una izquierda que sea capaz de pensar en el bien común y el bienestar colectivo.

Esta izquierda está urgida de un proceso de oxigenación. Tiene que volver a encontrarse con la sociedad a la que pretende dirigirse y recomponer sus mensajes para hacerse reconocible. Tiene que entender su papel como fuerza impulsora de la unidad y el progreso, no de la exclusión y de las identidades enfrentadas. Tiene que asumir su compromiso con la gobernabilidad del país, colaborando con sus rivales cuando la situación lo precise. Tiene que volver a entender de qué lado está en este sistema político, que no puede ser otro que el de la Constitución y la defensa de la igualdad de todos los españoles. Tiene que aprender a distinguir entre la ley y la legitimidad, sin dar automáticamente por bueno todo aquello que le favorece y no es ilícito.

Esta izquierda está pidiendo a gritos un proceso de renovación que recupere el talento perdido por la falta de horizonte y de proyecto, la imaginación olvidada en beneficio de la consigna, la libertad a la que se ha renunciado en aras de la obediencia, la creatividad de la que se ha abdicado en favor de la militancia, la ilusión aplastada por el fanatismo y hasta la alegría sustituida por el odio.

Antes de todo eso, esta izquierda al servicio de un solo hombre tiene que empezar por recuperar la democracia en sus propias filas."


(*) Periodista y ex director de El País

 

https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2023-07-17/izquierda-perder-pedro-sanchez-psoe/

domingo, 16 de julio de 2023

La era de la vileza / Antonio Muñoz Molina *



(...) Que los gases de la vileza ya han invadido sin remedio el aire de la vida pública española lo hemos sentido de golpe al escuchar por todas partes ese eslogan siniestro, “que te vote Txapote”, que provoca una reacción no ya moral sino física, como esa arcada que desata un olor a podrido. 

Es el tipo de gracia que se hace en un grupo de amigotes unidos por una recia carcajada española, cuando alguien advierte de que no va a ser “políticamente correcto” y cuenta a continuación un chiste de violaciones o de negros. La diferencia es que en la nueva era el chiste y la risotada desbordan el grupito confidencial y se hacen públicos sin pudor ni vergüenza, con chulería desafiante, con un clamor de chusma beoda en el calor tórrido de una plaza de toros. 

Las redes sociales han universalizado la antigua grosería de la barra de bar y el muro del retrete. La rima cruel, la gracia, la consigna, ahora la repiten en público personas que ocupan cargos públicos y que están seguras de poseer una educación exquisita, y se ve estampada en los laterales de un autobús electoral de un partido político ya agitado de antemano por una inminencia de victoria.

La gracia consiste en asociar al presidente del Gobierno y candidato socialista a un asesino etarra. Y para acompañarla, aunque sin decirla, con cazurrería y descaro, Alberto Núñez Feijóo invocó el aniversario de alguien que merecería al menos el respeto sagrado que se debe a los inocentes y a las víctimas. Un rasgo de la edad de la vileza es la repetición metódica del abuso, la injuria y la mentira. Al volverse habituales no pierden su veneno, pero cada vez provocan menos escándalo. 

Es posible que los primeros sedimentos de esta nueva época fueran sembrados por este personaje público, siempre más o menos en la sombra, Miguel Ángel Rodríguez, que según dicen asesoró a Feijóo antes del debate, y que hace 15 años usó por primera vez en público, en programas de televisión, a sabiendas de que lo hacía, la calumnia contra una persona del todo honorable. Los residuos de vilezas pasadas los olvida todo el mundo, salvo los que las sufrieron. 

En 2008, en plena campaña derechista para desacreditar la sanidad pública en Madrid, Miguel Ángel Rodríguez llamó reiteradamente nazi en varias tertulias de la televisión al doctor Luis Montes, antiguo coordinador de Urgencias del hospital de Leganés, acusándolo de haber abusado de las sedaciones de enfermos graves para acelerarles la muerte. El embustero sabe que a partir de un cierto grado la mentira tiene un efecto paralizador, como lo tiene siempre un acto de violencia súbita, un grito, una bofetada. 

Las mentiras de Miguel Ángel Rodríguez trastornaron la vida y la carrera de un hombre íntegro, que ya había sido objeto de una sostenida persecución política. Los tribunales confirmaron la inocencia del doctor Montes, y condenaron por un delito de injurias a Rodríguez. Ya no importaba nada. El daño estaba hecho. Había enfermos que se negaban a ser atendidos por el médico injuriado. Y el mentiroso y condenado por la justicia convirtió su indecencia en un mérito para su currículum, que ha vuelto a situarlo en lo más alto de la influencia política en España.

En el registro sedimentario de la era de la vileza resaltarán dos fechas aún más fundacionales, dos mentiras tan desvergonzadas como las de Miguel Ángel Rodríguez, pero de mucha mayor resonancia: en 2003, la mentira sobre las supuestas armas de destrucción masiva almacenadas en Irak por Sadam Husein; en 2004, la mentira del Gobierno de José María Aznar sobre los atentados del 11 de marzo en la estación de Atocha. 

Colin Powell, que tuvo que defender ante las Naciones Unidas una invasión basada en argumentos que él sabía embusteros, se arrepintió siempre de haber sido cómplice de una guerra que destruyó un país entero y provocó más de un millón de muertos. 

No sin hipocresía, Tony Blair expresó en 2016 “más dolor, remordimiento y disculpa de lo que puede creerse”, aunque siguiera defendiendo la guerra. Incluso George W. Bush habló del “mayor remordimiento de toda” su presidencia, justificándolo, no sin cinismo, en los errores de las agencias de espionaje. De aquel grupo de embusteros, el único que no ha dado muestra alguna de remordimiento ni pedido disculpas ha sido José María Aznar. 

Sin duda, el aprendizaje de la mentira durante la guerra de Irak le fue muy útil cuando él, su Gobierno y sus afines atribuyeron a ETA los muertos del 11 de marzo, y siguieron alimentando los bulos y sembrando dudas conspirativas sobre esa autoría durante mucho tiempo.

La vileza nos intoxica a todos con solo respirarla. Pero a quien más ofende es a quienes más sufrieron, a las víctimas de un terrorismo y del otro, a los inocentes que perdieron sus vidas y a los que quedaron dañados para siempre, los heridos, los supervivientes, las personas cercanas para las que el paso del tiempo no trae consuelo ni olvido. 

Para quienes recordamos los días trágicos de julio de hace veintiséis años en los que tuvo lugar el secuestro, la condena, la ejecución de Miguel Ángel Blanco, lo que ha quedado en la memoria es la pena y la ira ante el crimen y la emoción civil de aquellas multitudes que inundaron las plazas de toda España, mostrando con serena contundencia el asco hacia los asesinos y la solidaridad hacia los que sufrían. 

Hace falta mucha vileza para convertir la memoria de aquel hombre tan joven en un sórdido navajazo político, como hizo la otra noche Núñez Feijóo. Este verano de la nueva era son sus fieles enfervorecidos los que repiten festivamente a coro, esa rima infame que ensucia los oídos de cualquiera, pero sobre todo la boca que la dice. Estoy seguro de que sus residuos van a seguir durando mucho tiempo, infectándolo todo.

 

 (*) Escritor y miembro de la Real Academia


https://elpais.com/opinion/2023-07-15/la-era-de-la-vileza.html

sábado, 15 de julio de 2023

Transición ecológica injusta / Miguel Ángel Cámara *

Durante los últimos años un buen número de países están adoptando profundos cambios normativos con objeto de acelerar la transformación hacia un futuro con cero emisiones netas. 

La transición ecológica, como indica la Organización Internacional del Trabajo, tiene como objetivo ecologizar la economía de la manera más justa e inclusiva posible para todos los interesados, creando oportunidades de trabajo decente y sin dejar a nadie atrás.

La mayoría de los gobiernos han incorporado los principios de la transición ecológica justa en sus estrategias a corto y largo plazo, que justifican por la emergencia climática. Sin embargo, los cambios acelerados, sin consistencia científico-técnica y sin transparencia, están provocando un creciente malestar en la población y ocasionando un alto coste para los trabajadores.

Los agricultores y ganaderos llevan tiempo señalando la excesiva rapidez del desarrollo de los postulados de la Agenda 2030, a pesar de que informes del Centro Común de Investigación (JRC), órgano asesor de la Comisión Europea, ponen de manifiesto el enorme daño que causan al campo las políticas que se pretenden implantar tan aceleradamente.

En las últimas semanas, asociaciones agrarias denuncian que se han ocultado opiniones muy cualificadas que alertaban sobre las catastróficas consecuencias de la aplicación radical de varios de los objetivos de la Agenda 2030. Se advierte de que las normas agrarias de la UE, que materializan una aplicación extrema de la Agenda 2030, provocan que los agricultores estén abandonando sus explotaciones, ya que cada vez encuentran más dificultades para el desarrollo de su actividad

Las autoridades comunitarias imponen muchas restricciones a la actividad agraria a través de las estrategias de la Granja a la Mesa y por la Biodiversidad 2030 que podría llevar a la agricultura europea a la ruina, mientras son excesivamente permisivas cuando se trata de terceros países que además son competidores directos de los productores europeos.

El Gobierno español es el que con mayor ímpetu acomete estas estrategias a través de una amplia legislación, como las normas para la reducción de fitosanitarios y fertilizantes que provocan una caída de la producción. 

La estrategia de restauración de ríos por la que se destruyen pequeñas presas y azudes, en lugar de construir embalses para asegurar la disponibilidad de agua sin restricciones; o el plan de acción de aguas subterráneas, que persigue disminuir el regadío con el pretexto de que para en 2027 las aguas subterráneas no estén tensionadas.

La obsesión por situar el sector agropecuario en el centro de todos los males climáticos ha llevado a implantar un sistema de información de explotaciones agrícolas y ganaderas para controlar exhaustivamente todas las actividades agrícolas, a costa del agricultor, que no se exige en ninguna otra profesión. 

Incluso, se condicionan los pagos de la PAC a que la administración califique las prácticas agrarias como sostenibles, en lugar de compensar a los agricultores para que puedan tener un rendimiento justo por su trabajo.

Las continuas iniciativas para restringir la actividad agrícola y ganadera están consiguiendo una cada vez mayor dependencia de terceros países y un empobrecimiento generalizado del campo, lo que ocasiona la despoblación de buena parte de España. 

El abandono del campo, la mala gestión del agua y la sustitución del regadío por parques eólicos o solares provocan el avance de la desertificación y un fuerte deterioro de la biodiversidad.

La transición injusta es consecuencia de la excesiva rapidez para conseguir la transformación ecológica, sin tener en cuenta los perjuicios que genera a los agricultores y ganaderos que producen nuestros alimentos. Sin planteamientos extremistas, con ciencia y talento es posible ganar el futuro contando con todos y justamente.

 

 (*) Catedrático de Química Orgánica en la Universidad de Murcia

viernes, 14 de julio de 2023

¿España puede ser un mejor país en 2038? / Francisco Poveda *


Un grupo de 28 expertos coordinados por el asesor estratégico Francisco Abad, ha predicho que España va a sufrir una transformación a mejor en los próximos 15 años, tal y como comentan en su libro actualizado 'Dentro de 15 años, ¿escenarios improbables?'; es decir, en 2038. Y lo hacen en tres ámbitos: Sociedad y tecnología, Economía y empresa y Raíces personales.

En medio de una tormenta de predicciones más que negativas por parte de diversos economistas mediáticos aparece un grupo no tan inesperado que sustenta todo lo contrario, con una prospectiva más que proactiva "para un país donde hay una tendencia bastante extendida que advierte de cosas negativas que están por llegar a nuestra sociedad de forma constante".

Quienes ya han leído la versión más actualizada de esta obra, que puede parecer optimista, argumentan que "la predicción parte de la premisa de que los problemas que nos preocupan tienen una solución relativamente sencilla, aunque todo dependerá de la forma en que nuestro país se adapte a las tecnologías y busque la forma adecuada de gestionarlas".

El propio Francisco Abad sostiene al comentar lo que él mismo ha coordinado, que "es un libro para los que no se limitan a pensar que todo será una evolución lineal del presente y apuestan por tomar la iniciativa de su existencia en vez de resignarse, quejándose, a las vidas que pretenden construir por ellos unas instituciones inmersas en un profundo proceso de revisión. Con sugerencias como generar alternativas al sector público, el privado y el tercer sector. En un tono optimista y de apuesta por el progreso, porque la historia está llena de pronósticos pesimistas incumplidos".

Para Abad, "los grandes foros sobre prospectiva se limitan a la agenda política y económica global sin apenas considerar la psicología o la sociología. Confieso mi afición a provocar la generación de ideas y casualidades explorando activamente escenarios disruptivos".

Estructura de la propuesta

Primera parte. Sociedad y tecnología

Capítulo 1: Envejecer o morir. Rafael Puyol Antolín

Capítulo 2: Mayores (des) cuidados. Jesús Antonio Pérez de Arróspide y Joseba Zalakaín

Capítulo 3: La sociedad del bien común. Diego Isabel La Moneda

Capítulo 4: Innovación social: ¿más sociedad o más mercado? Joan Subirats y Rubén Martínez

Capítulo 5: Fiscalidad finalista. José Ignacio Alemany

Capítulo 6: La virtualización de la identidad. Nuria Calderón García-Botey y Humberto Moreira Villegas

Capítulo 7: La revolución inteligente: nace una nueva era global. Juanjo Fraile

Capítulo 8: Transformaciones sociales derivadas del cambio tecnológico. Un período revolucionante. Javier Creus

Capítulo 9: Evolución de la gestión del conocimiento. Marcelino Elosua

Segunda parte. Economía y empresa

Capítulo 10: El empleo en el futuro. Ramón Jáuregui Atondo

Capítulo 11: Nuevas formas de trabajar. Iñaki Lozano y Antonio Alonso Martín

Capítulo 12: Siempre en un sitio distinto y siempre en casa. Albert Cañigueral

Capítulo 13: El comercio justo y su proyección. Javier Fernández Candela y Vicente Ruíz Aguarón

Capítulo 14: Alfabetización financiera y nuevas relaciones con la banca: banca ética. Marcos de Castro Sanz

Capítulo 15: Presente y futuro de la responsabilidad social de las empresas. Pedro Rivero Torre

Capítulo 16: Del poder de la gestión a la gestión del poder: Autoritas non potestas. Pilar Gómez-Acebo

Tercera parte. Raíces personales

Capítulo 17: Siempre se imagina un futuro. Luis Villacañas

Capítulo 18: Construyendo Montecasino. Tom Burns Marañón

Capítulo 19: Ética y negocios: más de lo mismo. José Luis Fernández Fernández

Capítulo 20: ¿Una sociedad espiritual? Emma Martínez Ocaña

Capítulo 21: Cuidar la nave. Marta López Alonso

Capítulo 22: Vivir mejor con menos. Enrique Arnanz

Epílogo

Capítulo 23: Explorando conexiones improbables. Francisco Abad

En otro plano más universal y elevado, Steve Beckow dice que "está naciendo una nueva especie de ser humano, consciente, dirigido por un corazón, brillante, creativo y decidido, de modo que no nacerán más homo sapiens, sino que todos los seres humanos nacerán como homo universalis desde ahora en adelante.

La primera creación de ingeniería divina fue el homo sapiens, y ahora viene la segunda, el homo universalis. Estamos en medio de un cambio de una especie humana a otra. No sucede todos los días. El último cambio fue hace muchos miles de años. Quién sabe cuándo volverá a presentarse la oportunidad de observar la mutación de una especie".

Por su parte, SaLuSa dice: “Tú no existes por algún capricho de la naturaleza, y no eres el resultado de la selección natural, sino que fuiste creado con un propósito y con amor para existir en tu entorno. Ustedes son una especie especial llamada homo sapiens, que tomó el relevo del cromañón, y fue modificada genéticamente para permitir una aceleración en vuestra evolución.”

Desde otras dimensiones superiores a nuestro mundo tangible están llegando mensajes de ascensión del ser humano, del siguiente tenor y que podrían abundar en la hipótesis del libro 'Dentro de 15 años, ¿escenarios improbables?'

"Ha habido una gran falta de luz en vuestra esfera planetaria, y la gente necesita que su corazón se vuelva a llenar de luz. Este año ha tenido muchos cambios, muchos de los cuales no puedes ver. No quiere decir que no estén ahí, que no hayan sucedido. Hay mucho que esperar. Hay mucho por lo que emocionarse. El aspecto de tu ser multidimensional se está volviendo disponible. Todo está disponible para ti ahora, y apenas te estás dando cuenta. Como imanes de esta luz, estáis cambiando vuestro mundo, y esto, por supuesto, da como resultado la mejora de vuestro universo conocido.”

Volviendo al libro, sus autores aseguran para España que "las tres tendencias más probables en 2038 serán que la ciudadanía reaccionará para erradicar las actuaciones políticas, económicas y sociales que ahora nos indignan", que "el envejecimiento de la población transformará la sociedad" y que "seremos más activos en iniciativas que contribuyan a un futuro mejor".

Sobre el trabajo y el empleo, piensan que "el trabajo será mucho más colaborativo, se desarrollará más en equipo, y seremos más conscientes de lo común. Trabajaremos menos tiempo, solo las dos terceras partes de lo que hacemos ahora, pero no estaremos desocupados, porque dedicaremos parte del día a actividades no remuneradas que nos interesan".

Apuntan en el libro que "no vamos a estar en el mismo trabajo todo el día y tendremos que reinventarnos. Nos convertiremos en emprendedores que ofrecemos nuestras ideas y nuestros servicios a las grandes empresas, que serán pocas y más globales aún".

También a que "viviremos más y mejor. Vamos a necesitar servicios universales a precios asequibles, como la teleasistencia o la telemedicina porque, al ser muchos, el sistema de bienestar no va a poder cubrirlo y menos con las fórmulas tradicionales".

Igualmente predicen este grupo de expertos que "nos reinventaremos en lo colectivo. Por ejemplo, veremos comunidades mayores que habrán contratados servicios comunes. La seguridad, el respeto, la armonía con la naturaleza, la ampliación de la conciencia o vivir mejor con menos serán los pilares básicos de nuestro bienestar en la próxima década.

Finalmente, Francisco Abad pide que dejemos nuestro pesimismo sobre el futuro a un lado y que no nos dejemos arrastrar por la negatividad: "Hay que ser optimistas. No nos quejemos, que no estamos tan mal, y la mejor prueba es que muy pocos se quieren ir de aquí (España). Por mal que estemos, nadie quiere hacer la maleta", asegura convencido.



(*) Periodista